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13 de junio de 2007

presunción de inocencia

La presunción de inocencia es un derecho del que carecemos cuando tratamos de realizar un viaje en avión y no queremos facturar nuestro equipaje.

El primer paso complicado consiste en hacer una maleta. Aquí llegan las primeras elecciones: entre colonia, desodorante, crema hidratante, maquillaje, rimel, barras de labios... y todo esto no puede superara la cifra de 100 ml. Así resulta un poco complicado estar guapa en nuestro destino!!! El set de manicura no tiene cabida en nuestra maleta: a las tijeras y cortauñas se les presupone un valor altamente peligroso.

Una vez superada esta fase, te presentas en el aeropuerto con tiempo para poder pasar el exhaustivo control. El portátil ha de ir fuera de la bolsa, la maleta por otro lado, los líquidos en una bolsa plástica independiente (para que todo el personal pueda saber que artículos de cosmética has considerado imprescindibles).

Con un poco de suerte, ni tu maleta ni tu portátil resultan seleccionados para un control rutinario. Ahora ya sólo necesitas ser tú la persona digna de pasar la barrera. Tras desprenderte de tus alhajas, monedas, llaves, cinturón, chaqueta y haber elegido, previamente, un vestuario sin muchas tachuelas avanzas hacia la policía. Y pitas!!! Eran las gafas de sol. Vuelves a pasar y otra vez a pitar: esta vez debes desprenderte de tus zapatos.

Por un lado, tú, descalza sobre las frías baldosas consigues pasar el control y por el otro, tus zapatos de tacón en el escáner. Por fin puedes empezar a buscar tu puerta de embarque. Esta vez no serás cacheada por la policía de turno hasta el carnet de identidad.

¿Hay algo más humillante? La respuesta es afirmativa. Ahora el escáner del control de algunos aeropuertos realizan fotos de cuello para abajo de todos los usuarios del aeropuerto. En diez minutos nos quedamos sin ningún tipo de intimidad.

12 de abril de 2007

playa de las catedrales

Hace más de dos años, inicié una escapada a la costa lucense para poder disfrutar de sus maravillosas rías tan diferentes de las Rías Baixas. Sus diferencias son fundamentalmente morfológicas: el origen de las Rías Altas Gallegas está en un valle, formado por un río, que posteriormente fue anegado por el mar, aunque otros factores secundarios hayan influido en su formación.

En la costa cantábrica gallega se puede disfrutar de la Ría de Ribadeo con su perfil rectilíneo y la formación de sus terrazas fluviales, en una de las cuales se sitúa la villa de Ribadeo y sus calles limitadas por sus casas señoriales.

Entre las villas de Ribadeo y Burela, la costa se encuentra "tallada" por la diferencia de resistencia de las rocas que la forma, la dinámica marina hace retroceder los acantilados rompiéndolos en originales islotes dejandonos a la vista las formaciones de pizarra que forman pequeñas vaguadas, cuevas y corredores, como la playa de las Catedrales cuya belleza sólo se puede disfrutar en la bajamar. Como si de unas ruinas de una vieja catedral se tratase, podemos encontrar los restos de los contrafuertes que arriostran la costa al más puro estilo gótico. Son los pequeños abrazos con los que se entremezclan la tierra y el mar.

Más al oeste, la Ría de Foz deja paso a las sierras costeras como la de O Xistral que diferencia, hacia el norte, las fuertes pendientes del los ríos cantábricos con un gran poder erosivo, de los ríos del sur de curso más lento y sosegado. Estas sierras son de gran variedad de roquedo lo que en algunos casos dan lugar a amontonamientos que parecen castillos y otras veces a bandas calcáreas, como en el caso de las "Covas do rei Cintolo", ya en la ciudad de Mondoñedo.

La ría de Viveiro posee dos orillas muy diferenciadas, mientras que la orilla oeste está compuesta de esquistos lo que permite unos acantilados muy abruptos la orilla este que está formada por granitos y presenta algunas "llanuras" debido a la erosión.

En aquella ocasión, no todos pudimos completar el viaje y los que llegamos a la cita, no pudimos disfrutar de las maravillas que escondía la Playa de las Catedrales. Se nos había olvidado consultar el horario de las mareas y llegamos a la pleamar. ¡Qué desastres! Dos años más tarde y con la lección ya aprendida, consulté antes de la salida el horario de las mareas. .

Toda mi ilusión puesta en este viaje: una compañía agradable, unos pocos días primaverales para disfrutar y una Galicia para observar de una manera diferente. Tras el madrugón inicial, emprendimos la salida en dirección a las tierras lucenses. Un buen desayuno antes de iniciar el camino, un sol radiante acompañándonos y muchas risas después, llegamos a la playa de las catedrales con la marea alta (aún estaba bajando). La mala suerte nos perseguía, pero finalmente pudimos disfrutar de esta maravilla de la naturaleza. .

Os recomiendo la visita!!!!







La única pena es la salida de autopista que están construyendo hasta su entrada y que va a convertir en turismo "de feria" este espacio natural protegido de la costa gallega.
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